lunes, 31 de agosto de 2015

Baileeeeeemos!

Todos tenemos una idea en nuestra cabeza de la imagen que damos. La tenemos. Todos.

Unos con más acierto que otros.

Porque yo me doy cuenta a veces de que la idea que yo tengo de mi misma en la cabeza y la que tienen los demás no tiene nada que ver. Y no quiero creer que los demás no me conocen. Eso fue lo primero que pensé, lo pensé durante mucho tiempo. Y he llegado a pensar que quizás yo no me muestro como creo que lo hago...

Pero no, hay otra opción: que lo que nosotros recordamos de nuestras vidas no es lo mismo que recuerdan los demás. Y ahí es donde la imagen cambia. Y hace poco me di cuenta hablando con mis amigas de toda la vida. Algunas me recuerdan encantada de la vida saliendo a bailar por ahí de fiesta, y yo en cambio tengo una idea de mi misma que es que no me gusta lo de salir a bailar. Quizás yo me quedé más con el recuerdo de las noches aburridas en las que me iba para casa y me ponía a leer un libro... (de las que hubo unas cuantas...).

Pero claro, esto me hizo pensar.

Y me acordé de muchas noches que he pasado fantásticamente bailando por ahí "con la copa en la mano", como dijo ella, bailando y cantando. Sí, lo recuerdo...

Mi primero de carrera no tuvo jueves en el que no saliera a gastar Santiago.

Summer Bucket List For Teenagers

Luego el año tonto en el que Ruth y yo compartimos bailoteo y confidencias, sábado sí y sábado también,  cuando parecía que el mundo entero nos había dejado solas para disfrutar la una de la otra! Y lo hicimos, vaya que sí! Lo pasamos bomba...

Las bodas a las que fuimos... de cine!

Y me ha entrado una nostalgia de lo más tonta.

Y me he acordado de una letra de Sidonie...

"... baileeeeemoooooos
canciones de viernes que ni conocemos
pero baileeeeeemos...
llegaremos hasta el cieeeeeeelo..."

Y otra de Lori Meyers:

"Levántate,
 compra un vestido de fiesta
y píntalo de inocencia
con una pizca de felicidad.


Despierta
y haz como que nada te afecta
no aceptes más sugerencias
renacerán tus ganas de vivir."
 


A lo mejor es que me apetece salir a bailar. O tal vez sólo volver a aquellos  tiempos más fáciles e inocentes... No sé!

Habrá que salir y averiguarlo!

miércoles, 5 de agosto de 2015

Marruecos: el Desierto

Erg Chebbi es una inmensa duna de  22x5 km y es la única del Sahara en Marruecos.

Es una inmensidad de arena naranja que se extiende hasta el horizonte, con los colores más increíbles que hayas visto jamás.

Es la puerta del desierto, ya cerca de la frontera con Argelia, donde la vida se vive tranquila, y desde hace un tiempo, con la presencia constante de los turistas.


Al borde del desierto se sitúan varios hoteles o albergues, que organizan salidas en camello al desierto para dormir en jaimas, y  volver a la mañana siguiente con el espíritu renovado.

Alí el Cojo es uno de ellos, todo hospitalidad y buen hacer.

Con él nos fuimos a pasar una noche en el desierto bajo las estrellas en plena Navidad, y puedo aseguraros que fue la Nochebuena más peculiar de las que he vivido.

Nuestra jaima

Pero antes... nos subimos a lomos de nuestros camellos y con su paso lento y cadencioso nos aventuramos por las arenas naranja. 

Foto de M.C.R. La familia al completo cruzando el desierto.

Porque son naranjas, como la tierra de Marruecos, dejando paisajes bicolor en los que el azul del cielo y el naranja se complementan a la perfección.



Y el sol se puso para nosotros tras las dunas.

La cena en la jaima fue lo menos navideño en mucho tiempo, y fue estupenda. Platos de barro vidriado, cascados por el tiempo, vasos de cristal, servilletas de papel y velas...nada más!



Bueno, sí, una suculenta sopa harira, que es la sopa más rica que he probado en la vida, con un poco de todo e ideal para calentar el cuerpo. Porque el desierto en una noche de diciembre puede ser verdaderamente frío.

Luego vino la fiesta... tambores e historias bereberes para ahuyentar el frío y para confraternizar alrededor del fuego. La mayoría éramos españoles pero también había una pareja marroquí y un inglés solitario y algo excéntrico que nos sacó una sonrisa a todos.

Intentar dormir fue otro cantar. Es que hacía mucho frío! Cuatro o cinco mantas, el calor humano de mi compi de piso y la ropa puesta no fueron suficientes para mi. Pero levantarte al baño y contemplar el cielo del desierto lleno de estrellas como nunca lo has visto es un regalo de Navidad increíble.
 
Foto: Pedro Buján.

Y el amanecer. El amanecer en el desierto es un espectáculo.

La oscuridad se va pintando de colores a medida que sale el sol. Y vas descubriendo personas salpicadas por cada duna, esperando lo mismo que tú. Como esperando para saludar al sol...


 Despertar en el desierto tiene estos efectos...


Y estos...


Lo siguiente, cuando ya han vuelto los colores al mundo, es un té a la menta bien calentito y azucarado, como lo sirven ellos...



Y subirnos de nuevo a los camellos para volver al mundo real, donde nos esperaba un suculento desayuno, y un día de descanso al sol en la puerta del desierto... no se puede pedir más.



Fue una experiencia increíble, la volvería a repetir mil veces. La próxima, con Mateo.

miércoles, 17 de junio de 2015

Cómo lo digo?

Y cómo le digo yo al mundo lo que he descubierto? 

Cómo decirle que me he vuelto a enamorar con 36... que eres lo más bonito de este mundo y de los demás también. 

Que te quiero hasta el infinito y más allá... tanto que a veces creo que no me cabe dentro tanto amor!

Que por ti pongo el mundo patas arriba si hace falta... que nada de lo que me habían contado se acerca a esto. Que mientras no lo sientes no eres capaz ni de imaginarlo...

Que me haces feliz cual perdiz... que sólo quiero estar contigo cada minuto, hacerte sonreir...

Que me han cambiado completamente los esquemas...  y me encanta!

Que me muero si te pasa algo ... y mato a quien pretenda hacerte sufrir...




Que eres sin duda lo mejor que he hecho en la vida... y te volvería a hacer mil veces.


jueves, 11 de junio de 2015

La vida sobre ruedas

Pongamos que hablo de Pontevedra. Aunque supongo que podría ser cualquier ciudad pequeña de este santo país.  


 
Vivo en una ciudad accesible, peatonal, libre de barreras arquitectónicas y de tráfico insufrible... algo que valoro y me encanta, de siempre, pero ahora mucho más, desde que manejo por las calles las cuatro ruedas de una silla de bebé. 

Pero toda esta maravilla urbana se va al garete cuando entras en algún establecimiento... a saber...

No puedes cenar en ningún local durante el invierno, porque fuera te congelas y el churumbel más, y dentro no cabes con la silla. Os reto a tomaros unas tapas con un cochecito de bebé... Por fortuna, a la hora de cenar o comer algo más seriamente, con reserva, avisas al reservar de que ocupais por tres y listo! Porque si no es misión imposible! Están los locales tan llenos de mesas para aprovechar el espacio a tope que no sueñes con entrar!

Y qué me decís de las librerías? Otro tanto. En mi ciudad no hay pocas... y qué placer dejarte caer en una de ellas de vez en cuando, ver las novedades, las portadas de los nuevos libros... hasta hace cuatro meses. Porque se ha convertido en imposible también, porque no cabemos! En alguna llegas hasta la caja si acaso...pero no intentes echar una ojeada. En otras la silla choca con todo lo que hay expuesto, que no es poco, y corres el riesgo de montar un buen numerito... con lo que al final abandonas el placer... y Amazon a la fuerza se convierte en tu mejor amigo!

Y cómo no, luego está el asunto "cambiador". Os reto de nuevo, encontradme en mi ciudad cinco establecimientos, cinco, donde puedas cambiar el culo al churumbel tranquilamente. 
 

En la mía hay UNO. Que yo sepa... y conozco locales de sobra. Tomarse un café se convierte en un plan, a la fuerza bien estructurado, nada de improvisar, por supuesto, planificando la ruta perfectamente para ir de local en local con baño amplio, para por lo menos poder meter el cochecito y cambiar el pañal allí mismo... Y tampoco hay muchos, no creais, porque la mayor parte de las veces ni siquiera cabes por el medio de las mesas... y el baño es minúsculo.
Así que no te dejas amedrentar y al final ya cambias pañales hasta haciendo el pino... y con una sola mano...

Y todo esto por no hablar de los locales con mil escaleras para acceder a ellos... los ascensores que se abren ante ti llenos de cajas, con lo que das media vuelta y te vas, o las tiendas de moda infantil (cadenas sobradamente conocidas, y del país...) donde una amable chica te dice con cara de pena que no, que en el baño tampoco tienen cambiador...

 Al final, y con la llegada del veranito, te acostumbras al terraceo con rebequita, a cambiarle el culo al peque a la vista de todos y en ocasiones a frecuentar los baños del Hiper de turno que sí, estos sí tienen cambiador.

En fin, que me quejo por derecho propio y ajeno, porque en esta santa ciudad la natalidad no es un problema hoy en día, así que nos toca a much@s. Pero me quejo también porque de repente me he puesto en la piel de otros, que ven mermadas sus opciones de vida por ir en silla de ruedas, por ejemplo... y me cabrea, porque me doy cuenta de lo insolidarios que somos...


...y esto además me da pena.

martes, 2 de junio de 2015

In Memoriam

Formaba parte xa irremediable do imaxinario do meu mundo laboral. E gañou un oco nesa outra faceta da miña vida que é o meu mundo personal. Como? Sendo irrepetible.

Falei hai uns anos aquí del, con motivo dun homenaxe que o seu pobo lle facía por ser.... iso... irrepetible. E porque merecía aparecer nestas páxinas como artista, poeta, home curioso e vello admirable. Porque hai xente que só colecciona anos co tempo, pero el coleccionaba historias e arte para contalas.

Era Marselo da Rabela. Inconfundible.

Hoxe a vila de Muros estará triste a pesar deste sol de principios de xuño, porque el xa non está. Ó final marchou, e non me puden nin despedir. Porque a distancia non é fácil, e as vidas complícanse... e as últimas visitas quizáis non foron tantas como quixera. E non pudo coñecer a Mateo, nin Mateo coñecelo a el...

Imaxino que historieta lle contaría ó que lle esperaba na porta do máis alá para recibilo. Seguro que aínda están rindo!

Vai por ti, Marselo!

martes, 28 de abril de 2015

El estado ideal

Una vez oí a una conocida decir que el estado ideal de una mujer es cuando está embarazada. Yo en aquellos tiempos no me planteaba la maternidad, a pesar de que todo el mundo se había puesto a ello, y aquella apreciación me hizo rodar los ojos y pensar..."esta flipada de la maternidad...".

Pues bien, con un churumbel de tres meses y lo que ello conlleva, hoy en día tengo que darle la razón a esta santa mujer. Y además en mi caso mucho más. 

Muy a mi pesar.

Porque es cierto. Cuando te quedas embarazada, además de todo el rebumbio hormonal que te hace dudar de todo y sobre todo de ti misma al principio, suceden un montón de cambios físicos que podrían perfectamente compararse a desarrollar superpoderes...o al cambio de Bella cuando se hace vampira en la Saga Crepúsculo. Sin ir más lejos...

Si tienes la suerte de no tener nauseas ni vómitos al principio, como yo, empiezas a sentirte estupendamente todo el rato.

Duermes mucho por pura necesidad, y eso supongo que también influye.


Pero además comes lo que te apetece, y eso te hace sentirte bien. 

 Resultado de imagen de postre

Te crece la barriguilla y casi la enseñas con orgullo...o sin casi...

Y el pelo...qué me decís del pelo? Una maravilla, que te dan ganas de dejarlo crecer hasta el infinito y más allá y tener una melena decente por primera vez en tu vida. Y está fuerte, y brillante y frondoso...

De repente lo hueles todo, tu olfato es como un radar hiperdesarrollado, para lo bueno y para lo malo, claro!

Y estás flexible, porque tu cuerpo se prepara para un gran esfuerzo en el parto y las articulaciones están ágiles y suaves.

Y te ves guapa, y te dicen que estás guapísima, porque claro, eres el colmo de la feminidad! Y te quieres comer el mundo!!!


 

Y llega el parto y el después, y el subidón continúa, porque eres hiperfeliz con tu pequerrecho, porque te das cuenta de que es lo más bonito del mundo...porque tus hormonas se encargan de que te enamores perdidamente para que no le falte de nada. Y eres feliz como una perdiz a pesar de que casi no duermes y de que no tienes ni un minuto para ti.

Pero el efecto embarazo empieza a diluirse en el tiempo y un buen día el pelo pantene empieza a pasar a mejor vida, las ojeras acampan bajo tus ojos y los huesos empiezan a resentirse por los esfuerzos varios... y llegas a desear seguir embarazada!!

Porque esos nueve meses tu cuerpo es la máquina perfecta diseñada para proteger al peque y desarrollar una nueva vida...que se dice pronto!

Y entonces digo yo...por qué nadie inventa la pastilla perfecta que ponga nuestras hormonas en los niveles del embarazo y nos devuelva el esplendor perdido?? Ya no más antioxidantes ni más crecepelo! La medicina perfecta!

Lo que decía esta sabia mujer... el estado ideal!

lunes, 13 de abril de 2015

Dublín + Howth: saboreando Irlanda.

Aquí me gustaría llevaros hoy, a la que fue nuestra última escapada pre-Mateo.

La verdad es que estando embarazada se me dio por pensar en todas las cosas que iba a tener que aparcar durante un tiempo cuando naciera el peque, y una de ellas es esta de viajar al menos una vez al año.

Ahora que el peque ya tiene dos mesitos largos y le estoy cogiendo el tranquillo a esto de ser mamá, me doy cuenta de que no me importa demasiado lo de no viajar este verano. Es más, me apetece disfrutarlo con él y con mi compi de piso (a quien voy a tener que ascender un día de estos, por lo menos a padre de la criatura...) y todo lo demás ya se irá haciendo. La verdad es que te cambia hasta la concepción del tiempo... eso sí, el verano que viene no perdona, que hay cuatro abuelos ansiosos por disfrutar del churumbel...jaja...

El segundo trimestre del embarazo es el mejor para viajar, dicen, así que no lo pensé más y busqué avión. Volamos Oporto-Dublín el 19 de agosto con Ryan Air, directo por supuesto.

Y por qué Dublín? Pues porque Edimburgo era muy caro, sinceramente y así de sencillo. Y no había vuelo directo, y la perspectiva de andar de aeropuerto en aeropuerto, con los problemas de vejiga que supone el embarazo, y el sueño incontrolable... no era muy atractiva... ni que decir tiene que me recorrí todos los baños públicos y no públicos de Dublín, of course...

Y llegamos a la capital Irlandesa... que nos recibió en pleno agosto con lluvia y 16 miserables graditos... así que ya sabeis, por ahí arriba siempre una rebequita en la maleta. Yo eché de menos incluso mi plumífero en ciertos momentos, pero en fin...

Teníamos casi cinco días por delante para ver la ciudad, y pronto nos dimos cuenta de que nos sobrarían.
Dublín (o Baile Atha Cliath, en irlandés) es una ciudad pequeña, relativamente, claro. En comparación con Pontevedra es enorme, pero al lado de Madrid, París o Londres ...es pequeña, y no es una ciudad de grandes monumentos. 

Lo que tiene Dublin a raudales es VIDA, HISTORIA y LITERATURA.

Rio Liffey a su paso por Dublín.

Está muy presente en cualquier rincón de la ciudad la historia. Nada más salir del Hotel nos encontramos en la vía principal, O'Connell Street con la oficina central de correos, de estilo clásico y escenario de uno de los episodios cruciales de la historia de este país: el Alzamiento de Pascua, de 1916, contra la autoridad de Inglaterra.




 Fue sofocado a los seis días, pero su éxito está en que le dio visibilidad al tema de la lucha por la independencia irlandesa. Muchos de los caídos en estos días están enterrados en el cementerio de Glasnevin, que también visitamos, el más grande de Irlanda, con más de un millón de enterramientos.


 
Además, Dublín es una ciudad muy volcada en la literatura y en sus grandes nombres: Yeats, Oscar Wilde o James Joyce cuyo Ulisses marca una ruta por la ciudad en la que se pueden visitar los puntos en los que discurre la acción.

Hay librerías con encanto...


...y otras curiosas...



... y una biblioteca universitaria que quita el hipo!




Y VIDA!
La vida de Dublín se centra sobre todo en el Temple Bar, el barrio antiguo, digamos, hoy barrio de moda para turistas y no tanto, plagado de tiendas curiosas y locales donde corre la cerveza y suena música en directo cada noche.


Allí acabamos comiendo, cenando y paseando casi todos los días, porque en cualquier rincón hay un grupo tocando, o algo que fotografiar...

Pero la música no es sólo parte de la oferta turística. Los Dublineses se reúnen en los pubs alrededor de una (o varias) cervezas y cantan al unísono canciones tradicionales, y se sienten orgullosos de ser quienes son y de su historia. 


Así lucía el Pub debajo de nuestro hotel, lleno total todas las noches, y que resultó ser uno de los más reputados de la ciudad, en Talbot Street.

Pero al cabo de tres días decidimos ampliar horizontes y salir de la ciudad. Nos habían dicho que el cercano pueblo de Howth no tenia desperdicio y allá nos fuimos después de coger un cercanías en la estación de O'Connell, a pasar el día.

Y tenían razón! Es un sitio precioso!



Es un pueblecito al borde del mar en la bahía de Dublín, que vive de la pesca y de los turistas que se acercan cada día. Es pequeño y ocupa una especie de península que se puede rodear a pie...ruta muy concurrida y espectacular por las vistas.




Típico de Howth, además de la ruta a pie, es el fish and chips, que por lo visto lo hacen de manera especial. Por supuesto, nos sentamos y lo probamos en una terracita del puerto con manta y todo.


Un acierto el Octopussy! Un sitio pequeño con mucho encanto y donde te invitan a compartir las mesas de la manera más elegante...


Y cogimos el tren de regreso a Dublín a media tarde, para cenar por última noche y prepararnos para dejar Irlanda.

Eso si, no nos fuimos sin probar un auténtico irish breakfast, que tiene mucha enjundia y aunque no para todos los dias, sí que está bueno...


...a base de alubias, bacon, salchichas, huevo frito, pan con mantequilla y el zumo y el café para acompañar. Ummmm!

Y así fue que nos volvimos con muy buen sabor de boca de nuestro primer contacto con Irlanda, y con ganas de volver, como siempre!.