Más Sicilia. Un día en Palermo

Palermo fue, ante todo... una sorpresa. En todos los sentidos.

El viaje fueron siete dias, casi ocho, recorriendo esencialmente la costa, de Trapani a Taormina. Palermo quedaba a desmano. Pero pensamos que había que verla, al fin y al cabo es la capital y una ciudad con nombre, historia y reputación de encanto y decadencia donde las haya...

Así que, con el campamento base en Trapani, la primera mañana nos aventuramos a coger un autobús a la capital. Nos recogía delante mismo del hotel a cada hora en punto desde las 7 de la mañana, así que a las 9 estábamos ya esperándolo y por 29 € los dos andata e ritorno (ida y vuelta) en dos horas estábamos en Palermo.

Después de devorar la guía y con todo lo que había leído, imaginaba una ciudad hermosa y decadente, con grandes avenidas ... no sé, la imaginación no tiene límites. Porque Palermo es caos, tráfico, ruido, gente...y entre todo eso, sobreviviendo al paso del tiempo y a la tiranía del avance moderno, magníficos edificios que se afanan por respirar en medio de todo aquello, aguantando estoicamente.

Quattro Canti

Aquí os muestro uno de los rincones más espectaculares, la Piazza dei Quattro Canti, el corazón del centro histórico, con cuatro magníficos edificios barrocos con placas y estatuas que rememoran el pasado español de la isla, construidos en 1606. Es el cruce de las dos vías principales de la ciudad, Via Maqueda y Corso Vittorio Emanuele, y está inspirado en las Quattro Fontane de Roma. Tiene forma octogonal y las cuatro fachadas están orientadas de forma que el sol las ilumina sucesivamente a lo largo del día. El espectáculo es increíble... pero el tráfico es de locura en esa zona!


Cerca de Quattro Canti está la Piazza Pretoria, donde se encuentra el Palazzo Pretorio, y donde se exhibe una de las tantas placas dedicadas a la exaltación de Garibaldi y de su hazaña por la libertad de Italia, que nos encontramos por toda la isla. Me recordó mucho a lo que ocurre en Turquía con su amado Ataturk, y me encanta fotografiar estos testimonios. 


Junto a esta plaza se encuentra Piazza Bellini, con una amalgama increíble de estilos artísticos: el barroco sencillo de la iglesia de Santa Catalina, y el bizantino de la Martorana y San Cataldo. La que os muestro arriba es la Martorana (san Nicolo dei Greci), y veis que es una joya.  


Aqui me ocurrió como en Orsanmichele, en Florencia: al cruzar la puerta parece que estás en otro mundo, los mosaicos, el silencio, música de fondo...te aislas del ruido exterior. Pocas veces sucede esto visitando iglesias y catedrales, porque entras y la aglomeración de gente destruye el encanto.
Tiene mosaicos bizantinos, columnas romanas reutilizadas, y un altar barroco posterior y bastante chocante entre las maravillas medievales. Hoy día, se mantiene el rito greco-bizantino en sus celebraciones.


Subiendo por Corso Vittorio Emanuele, divisamos la Catedral a nuestra derecha. Es también una buena mezcla de estilos, unos más afortunados y otros menos, pero el conjunto exterior resulta impresionante. Es grande y domina una plaza ajardinada muy agradable a la que se abre la puerta principal, en gótico catalán, que es la parte más hermosa. Dentro, es sencilla y no tiene  mucho que aportar, pero nos sentó de vicio entrar y sentarnos un rato al fresco. Esta foto la hicimos desde una terracita que hay justo al lado, tomando un macchiato buenísimo, entre minis y vespas aparcados por todas partes.

La siguiente visita fue el Palazzo dei Normanni, sede hoy día del gobierno de la isla, y que alberga la joya de la ciudad, la Capilla Palatina.


Fue construida en el siglo XII como capilla real, de los reyes normandos y es considerado el mejor ejemplo del arte árabe-normando-bizantino que dominó la isla en esta época medieval.


Es una maravilla, que ha sido restaurada recientemente (tras el terremoto de 2002) y que ha recuperado muy dignamente el esplendor que en su día tuvo. Cubierta de mosaicos, con columnas y capiteles reutilizados de los templos clásicos...una visita que no se puede perder en Palermo.

Tras una comida muy agradable en el restaurante Carlo V en la Piazza Bologni, nos fuimos a callejear ya sin prisa.

Piazza Bologni

Calles, plazas, tráfico, palazzi, chiese...

Iglesia de Santo Domingo

Más barroco, más monumentos, más arte en decadencia, pidiendo a gritos un plan integral de conservación...

Fachada en ruinas en Corso Vittorio Emanuele

Porque esta que os enseño es la imagen que encontramos en cada rincón de la ciudad. Balcones a punto de caer, edificios abandonados, decadencia y abandono llevados al límite... demasiado al limite para mi, que no fui capaz de encontrar la belleza de la decadencia en estas imágenes, y sí la tristeza del abandono.

Y en algún rincón de alguna de las callejuelas, tesoros como este, una pequeña capilla, abierta para una boda, totalmente cubierta de esculturas de estuco, en perfecto bulto redondo, como saliendo de la pared: el Oratorio de San Lorenzo.



En resumen, una ciudad de contrastes. Una ciudad que vivió su máximo esplendor hace demasiados siglos, y que las guerras mundiales acabaron de echar a perder. Dicen que ya está empezando a emerger, así que me puedo imaginar lo que pudo ser a mediados del siglo XX con la mafia campando a sus anchas...

Está en plena resurrección, así que  habrá que volver en unos años a ver cómo lo ha hecho, no creeis?

Teatro Politeama Garibaldi
Así fue el primer día. 

Sicilia nos recibía haciendo gala de todo su espíritu y sus contrastes. 

Aun quedaba mucho viaje...

Datos prácticos:
Bus Trapani-Palermo: 2h, 29 € ida y vuelta los dos.
Comida en Carlo V: 23 €.
Entrada en Capilla Palatina: 10€ persona.

Comentarios

  1. No visteis la fuente de la verguenza ni San Giovanni degli Eremiti? Y el puerto, no flipaste? Es la decadencia hecha ciudad.....un sueño!

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