sábado, 7 de febrero de 2015

13 días de nueva vida

Tres días de contracciones. Con sus noches.

Un dolor que empezó siendo un runrún en el bajo vientre y que tres días después me tiraba al suelo con cada embestida y me hacía gritar. Sabía que dolería pero no imaginaba que fuera así...

Cuando por fin, y por tercera vez, me asomé por urgencias y me quedé ingresada sentí el mayor alivio del mundo: era señal de que la cosa ya iba por buen camino. Y luego la sacrosanta epidural, que me curó de todos los males y sólo dejó que me enterara de lo importante: que Mateo ya estaba llegando y que una señora con muy malos modos pero muy sabia lo estaba ayudando a salir.

Y entonces fue cuando di gracias a todas las clases de Pilates y a la naturaleza, que me hizo flexible, porque si no aquello habría sido un desastre. Y así llegó él por fin. Moradito y con cara de “qué hago yo aquí?”, pero con un llanto que me sonó a gloria, y meándole al pediatra en las manos, como tiene que ser, que uno llega al mundo por la puerta grande y dejando huella...

Y como el tópico más tópico y peliculero, lo nuestro fue amor a primera vista. Todo ese rebumbio de hormonas que campaban a sus anchas por mi cuerpo se confabularon para el enamoramiento y dicho y hecho: ya no tiene remedio, como dice la canción, es mi gran amor...




A veces lo miro y siento que voy a explotar de lo mucho que lo quiero. La naturaleza es sabia...

Ya está, ya soy mamá... ya somos papás.

Y es agotador. Pero maravilloso. Ternura y falta de sueño a partes iguales. 



Hoy cumple 13 días. Comienza la aventura!