La vida sobre ruedas

Pongamos que hablo de Pontevedra. Aunque supongo que podría ser cualquier ciudad pequeña de este santo país.  


 
Vivo en una ciudad accesible, peatonal, libre de barreras arquitectónicas y de tráfico insufrible... algo que valoro y me encanta, de siempre, pero ahora mucho más, desde que manejo por las calles las cuatro ruedas de una silla de bebé. 

Pero toda esta maravilla urbana se va al garete cuando entras en algún establecimiento... a saber...

No puedes cenar en ningún local durante el invierno, porque fuera te congelas y el churumbel más, y dentro no cabes con la silla. Os reto a tomaros unas tapas con un cochecito de bebé... Por fortuna, a la hora de cenar o comer algo más seriamente, con reserva, avisas al reservar de que ocupais por tres y listo! Porque si no es misión imposible! Están los locales tan llenos de mesas para aprovechar el espacio a tope que no sueñes con entrar!

Y qué me decís de las librerías? Otro tanto. En mi ciudad no hay pocas... y qué placer dejarte caer en una de ellas de vez en cuando, ver las novedades, las portadas de los nuevos libros... hasta hace cuatro meses. Porque se ha convertido en imposible también, porque no cabemos! En alguna llegas hasta la caja si acaso...pero no intentes echar una ojeada. En otras la silla choca con todo lo que hay expuesto, que no es poco, y corres el riesgo de montar un buen numerito... con lo que al final abandonas el placer... y Amazon a la fuerza se convierte en tu mejor amigo!

Y cómo no, luego está el asunto "cambiador". Os reto de nuevo, encontradme en mi ciudad cinco establecimientos, cinco, donde puedas cambiar el culo al churumbel tranquilamente. 
 

En la mía hay UNO. Que yo sepa... y conozco locales de sobra. Tomarse un café se convierte en un plan, a la fuerza bien estructurado, nada de improvisar, por supuesto, planificando la ruta perfectamente para ir de local en local con baño amplio, para por lo menos poder meter el cochecito y cambiar el pañal allí mismo... Y tampoco hay muchos, no creais, porque la mayor parte de las veces ni siquiera cabes por el medio de las mesas... y el baño es minúsculo.
Así que no te dejas amedrentar y al final ya cambias pañales hasta haciendo el pino... y con una sola mano...

Y todo esto por no hablar de los locales con mil escaleras para acceder a ellos... los ascensores que se abren ante ti llenos de cajas, con lo que das media vuelta y te vas, o las tiendas de moda infantil (cadenas sobradamente conocidas, y del país...) donde una amable chica te dice con cara de pena que no, que en el baño tampoco tienen cambiador...

 Al final, y con la llegada del veranito, te acostumbras al terraceo con rebequita, a cambiarle el culo al peque a la vista de todos y en ocasiones a frecuentar los baños del Hiper de turno que sí, estos sí tienen cambiador.

En fin, que me quejo por derecho propio y ajeno, porque en esta santa ciudad la natalidad no es un problema hoy en día, así que nos toca a much@s. Pero me quejo también porque de repente me he puesto en la piel de otros, que ven mermadas sus opciones de vida por ir en silla de ruedas, por ejemplo... y me cabrea, porque me doy cuenta de lo insolidarios que somos...


...y esto además me da pena.

Comentarios

  1. Ya hija...y mejor no hablar de coches aparcados en pasos de peatones o falta de rampas en general o directamente que se te planten tres viejas en medio y no se aparten ni con agua caliente...que tb pasa ^_^

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  2. Cuanta razón tienes. Agitemos conciencias. Bsos.

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