Café con periódico

Hacía días que no leía el periódico. El ritmo de vida y los horarios laborales me han privado del enorme placer de tomarme algún que otro café con periódico, y lo había dejado completamente.
Hoy me senté en una cafetería de la autopista, una de esas acogedoras sólo por el hecho de que huelen a viaje y a salir de la rutina, después de dos días de más que agradable empacho familiar con esto de la navidad, y cogí el periódico que siempre ojeo. Por fin!


Y a pesar del buen rollo que llevaba yo encima y de la compañía, y de que Mateo andaba en brazos de su tío descubriendo el mundo en ese momento y me podía concentrar perfectamente, no disfruté yo mi momento como quería... 
De pronto me di de bruces con lo que dicen por ahí del discurso del Rey (el nuestro, no Colin Firth, tristemente...), que por supuesto no vi; con los pactos y los no pactos de la derecha con la izquierda y de lo que dicen de la izquierda los que ahora se colocan en el centro... en fin... volver a lo de siempre. 
Y España de pronto está amenazada por el comunismo y la irreverencia, y va a haber una reina maga en la cabalgata de Madrid y todos se rasgan las vestiduras como si una mujer fuese a mancillar el buen nombre de un señor serio y respetable... y de pronto un señor muy leído asegura que el rey, pobre, necesita traductor porque claro, el vulgo no le entiende... (léase todo con un carro de ironía por favor...)...

¿Pero qué me perdí?  
¿Qué periódico leía yo antes? ¿¿Qué le pasa a la prensa de este país??

Será que el tiempo no pasa en balde, o que me estoy dejando llevar por la marea últimamente, o que todo cansa. El caso es que me dan ganas de dejarlo, de abandonar el sano deporte de informarme mientras tomo un café... no vaya a ser que se me atragante. 

Creo que lo cambio por curiosear en Instagram... es mucho más entretenido!

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