Madrid. Un fin de semana con mucho arte.

Pues allá que nos fuimos este fin de semana pasado, a patear los Madriles y a visitar museos, costumbre que no queremos dejar de practicar al menos una vez cada dos años, como fue esta vez.

El motivo, oxigenar la mente y disfrutar de ese arte que sólo puedes ver en Madrid, porque seamos claros, Prado no hay más que uno, así de fácil.

Y como siempre, descubrimos cosas, que es lo mejor de salir de casa, dejarte sorprender.

Lo primero, un espacio de tapas y cañas variadas, en plena calle Fuencarral, donde caímos la primera noche y donde no puede haber mejor ambiente, el Mercado de San Ildefonso o San Ildefonso Street Market. Tacos, pizza, cañas y lo que se tercie, con tres pisos, dos terrazas y lleno hasta los topes como era de esperar, pero muy agradable, joven, moderno y dinámico. Vamos, que vuelvo...



Descubrir descubrimos arte también. Porque es cierto que íbamos con el objetivo marcado y conocido, es decir, con Ingres y La Tour en el Prado, ya sabíamos lo que íbamos a ver. Pero en directo los cuadros siempre ganan. Y aunque Ingres era la estrella, a mi La Tour me alucinó, con ese uso de la luz, con las transparencias y el realismo.

Detalle de San José carpintero, de La Tour.
Mirad aquí la mano del niño transparente a la luz de la vela.

Magdalena, detalle.
Y aquí la silueta de la calavera delante de la vela como para no deslumbrar. Y esa intimidad y ese silencio que casi se respira.

Tiene algo de fotográfico que me encantó. 

Y a pesar de conocerlo, verlo en directo es otra historia.

Los Realistas del Thyssen ya me dejaron algo más indiferente. Aunque he de reconocer que Antonio López tiene algo. Este baño en dos perspectivas es impactante al natural.


Y de paso descubrimos a Isabel Quintanilla, completamente desconocida para mi, pero que tiene cosas como ésta que nos dejaron con la boca abierta. Porque yo a primera vista diría que es una foto...o no? 


Pues no, es una pintura.


Son pinturas que vale la pena ver. De nuevo con esa luz casi de fotografía. sebe de ser eso lo que me conquistó.

Aunque es caro, el arte en este país es caro. Y mientras pagaba los 14 y los 12 euros respectivamente en cada museo, no dejaba de pensar en los museos británicos una vez más, y esa sensación de libertad cuando entras por la puerta y nadie te cachea ni tienes que hacer colas. Es otro rollo, otro espíritu, y más nos valía aprender un poco de ellos.

Y con una cenita en la latina y una visita a unos amigos, terminó un finde de lo más agradable y artístico. 

Me quedó atrás en palacio de cristal del Retiro, que quería yo visitar de nuevo y hacerle un par de fotitos. Pero ni hubo tiempo.

Queda para otra, que la habrá. 

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