Illa das Esculturas.

Hace cinco años que Pontevedra se convirtió en mi lugar en el mundo. Por estar en el medio de nuestras casas y porque el destino quiso mandar al padre de la criatura de vuelta y darle plaza definitiva en la ciudad. 

Los cambios cuestan, a mi me cuestan. Me habitúo a lo mío, a unas luces, a un ritmo...y luego me resulta difícil cambiar el rollo.

Y con Pontevedra me pasó igual.

Y ahora me encanta.

Y parte de la culpa es de un espacio increíble a orillas del río que se llama Illa das Esculturas y que  me tiene enamorada. Me paseo casi cada día por allí llenando los pulmones de aire limpio ... 


... y los ojos de amaneceres luminosos. 


Son 7 hectáreas de caminitos entre árboles, y esculturas, en un espacio acotado por el río Lérez que se llama Illa do Covo, cercana al campus universitario.

Allí crían cisnes, patos y pajarillos varios, y las gaviotas se dan baños matutinos a sus anchas en las charcas cuando llueve.


El río la articula y la llena de luz, y deja estampas como estas...


...en verano...


...y en otoño.

La he convertido en mi lugar de escape. Un día malo se soluciona con un paseo entre árboles y un par de fotografías...



... o tres...



Y vosotros?

Tenéis algún lugar de escape? 

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