La magia de descubrir el mundo.

Mateo está en pleno descubrimiento del mundo. Y anda con invariable cara de sorpresa infinita todo el día. 

El viernes pasado, viendo cómo miraba las gallinas y los pollitos de mi suegra, y cómo alucina con los pajaritos varios que habitan las antenas sobre los tejados que se ven desde nuestras ventanas, me dio por pensar que la vida va del revés, que no es justo que seamos tan conscientes de nuestro deterioro físico y mental cuando nos hacemos mayores y no seamos capaces de retener las sensaciones de cuando descubrimos el mundo de niños. 


Os imaginais? Acordarte de la primera vez que comprendiste que el sol que estaba en el libro dibujado en amarillo es el mismo del cielo. 

Que la luz del sol también calienta...

Lo seguro y confortable que es el colo de mamá o papá cuando despiertas llorando con una pesadilla...

Cómo se van formando las palabras en tu cerebro hasta que las dices...

Cómo se aprende a caminar...

No sé, creo que si pudiéramos recordar todo eso, nuestro día a día sería más brillante e intenso, y valoraríamos las cosas de otra manera, estoy convencida.

Porque es magia pura. Puedo ver las chispas saltar detrás de sus ojos cada vez que hace un descubrimiento, cada vez que dice por primera vez una palabra nueva. Y la ilusión y la inocencia con que lo mira todo...


Tal vez el secreto está en tratar de no olvidar nunca que fuimos niños, e intentar ver el mundo con esos ojos. 

Seguro que el mundo sería un lugar mejor.

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