Murmurations

No es la primera vez que casi me la doy con el coche de delante por quedarme mirándolos. 

Vivo en las afueras, junto al campo de fútbol del Pontevedra, y todas las tardes cuando llego a casa con el coche, más o menos cuando se está poniendo el sol, soy testigo de uno de los espectáculos de la naturaleza más bonitos que he visto nunca: los estorninos, en bandada, cambian su lugar de disfrute diurno (las torres de iluminación del estadio de fútbol), por su lugar de descanso nocturno: el magnolio más enorme y frondoso del mundo que se levanta en medio del casco viejo de la ciudad.

Y en el camino, vuelan en grupo, casi diría como un banco de peces, al mismo ritmo y casi como si se leyeran el pensamiento unos a otros. El resultado son unas manchas negras que fluctúan en el cielo contra la luz del atardecer y que están vivas, vivas de verdad.



Me parece un espectáculo increíble, y siempre me pilla de camino, sin cámara y con el volante en la mano, así que solo puedo conformarme con mirarlo.

Dicen que vuelan así para ahuyentar a los depredadores o por lo menos hacerles creer que son un bicho enorme y amenazador. El poder de la manada, supongo. Pero no son más que hipótesis. El caso es que son un maravilloso ejemplo de que la naturaleza es sabia y hermosa y perfecta y de que todo ocurre por algo.

En Inglaterra a estos vuelos los llaman "murmurations".



Y en el universo de La Historia Interminable, Ende le puso el nombre de Ygrámul, el Múltiple. Porque, ¿en qué otra cosa se pudo inspirar este buen hombre para crear un personaje así? Leed: 

"Sólo entonces se dio cuenta Atreyu de algo que antes no había notado: aquella criatura horripilante no era un solo cuerpo sólido, sino que se componía de innumerables insectos de un azul acerado, que zumbaban como avispones furiosos y, en enjambre espeso, adoptando siempre nuevas formas. Era Ygrámul, y ahora sabía Atreyu por qué lo llamaban «el Múltiple».

Vale, de acuerdo, una bandada de pájaros hermosos e inofensivos transformada en un ser horripilante y mortífero... está muy forzado, lo sé, pero la verdad es que el vuelo de los estorninos a mi me recuerda un montón a aquella imagen de Ygrámul que se formo en mi mente hace tantos años. A pesar de las distancias...

Así que cada tarde me acuerdo de Michael Ende y de Bastian y Atreyu sólo con mirar al cielo...y eso ya vale la pena contarlo aquí, no?

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dublín + Howth: saboreando Irlanda.

15 años

En globo por la Capadocia